Soledad

Carmen
Tal vez fue al regresar de Málaga, mientras esperábamos el tren: vi como un pobre emigrante marroquí, bajito y muy moreno, arrastraba una voluminosa y pesada maleta casi de mayor tamaño que él mismo. Pidió ayuda a unos mozos que andaban por allí, unos portamaletas.
–No, maldito viejo, esto se hace pagando, tú no tienes tarifa, no podemos hacerlo. Anda, camina con tu maleta, si eres capaz.
–Yo tengo la tarifa –protestaba el pobre hombrecillo.
La estación estaba llena de gente, pero nadie parecía reparar en los apuros del pobre señor. Yo pensaba en la soledad de nuestros emigrantes con su maleta de cartón por todas las estaciones de tren de Europa, que hoy parece se ha olvidado del todo.
El ancianillo había conseguido bajar con su enorme maletón del tren, pero nadie le hiciera el menor caso ahora, en el andén. A mí me dio un montón de pena.
Si se hubiese tratado de un jeque de visita en Marbella, de esos que dan 100 o 200 euros de propina (aunque no se ocupan de la educación de las chicas en su país), la escena habría sido del todo distinta y todo cristo estaría ahora en derredor suyo. Pero qué digo yo, esos disponen de limusina y no suelen viajar en tren.

1 comentario:

Albº dijo...

Hola Carmen, soy Alberto Toribio, amigo de ese hermanazo que tienes, y mis felicitaciones otra vez por el libro y por los textos del blog.

Me dices que el libro es un poco triste. Me recuerda que cuando a Leonard Cohen le dijeron que sus canciones eran muy tristes, respondió que él sólo había levantado ligeramente el manto del océano de la tristeza.

Teresa de Calcuta tiene unos pensamientos sobre la vida,dice:

"la vida es tristeza, supérala".

Si se mira por el buen lado, ahora
te tocaría hacer un libro alegre para compensar, y para superar ese enfoque dramático.

Gracias por tu sinceridad.