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Nostalgia

Alberto
Desearía poder tocar la guitarra y volver a oír mis discos y estar un rato en casa.
Pues ya hace dos años que no estoy y el psicólogo va a ver si puedo acercarme.
Cuando yo vuelva, a lo mejor no puedo entrar, pues los recuerdos no me dejan. Pero yo tendré valor y pasaré.

Cuando yo tenía trece años, entré en un colegio para seguir aprendiendo.
En aquel colegio me lo pasaba muy bien. El colegio se llamaba San Luis Gonzaga y tenía un patio muy grande y unos talleres muy bonitos. Pero como eran oficios de poco uso, no teníamos casi trabajo. Y más tarde lo tuve que dejar.

Yo he aprendido cerámica y encuadernación. También he aprendido alfombra de nudo.
También he aprendido a escribir a máquina, pero en realidad no sé nada. Y a tocar la guitarra.
Pero en realidad no puedo practicar nada, pues no tengo clientes. Y no tengo dinero para abrir un local, pero me gustaría hacerlo.

Fin de semana

Alberto
Domingo:
Por la mañana limpiaba a los hamster, hasta que terminó la monitora de hacer una cosa.
Luego fuimos a ver a mamá, pero llegamos tarde y no nos dio tiempo, porque la monitora enseguida vino por mí.
Por la tarde estuvimos viendo la televisión, pero como me dolía un poco la cabeza, me vine a la habitación a leer un rato la novela Lord Jim hasta la hora de merendar.
Lord Jim es un muchacho que se mete en un barco y conoce al capitán.
Luego merendamos y algunos compañeros pasaron a clase para firmar la tarjeta que le habíamos arreglado a Raúl, el monitor de la tarde, pues se iba a la residencia de al lado, que también es nuestra.
Luego cenamos y nos acostamos.

Sábado:
Fuimos a un teatro, que actuábamos nosotros. Y vi bailar a unas muchachas El amor brujo, de Manuel de Falla. Fuimos sobre las seis de la tarde.
En el teatro estaban todos mis compañeros y lo pasé muy bien. Yo, como no puedo andar todavía muy bien, me llevaron en la furgo. Y otros fueron en el metro.
Sobre las ocho de la tarde terminó y volvimos a la resi. Y vimos la televisión y yo me puse el pijama.
Más tarde cenamos y nos acostamos.

Viernes:
Hoy hemos comprado la jaula para el hamster camorrista y lo hemos pasado.
Cuando hemos venido del taller nos hemos puesto a comer.
Ahora estoy haciendo algo.
Ahora me voy a poner a leer la novela, que es muy bonita. Más tarde saldré a ver si tiene comida y agua el hamster, por si acaso no tiene. Y se lo digo al monitor, porque la televisión no me gusta.

Se fue la luz

Alberto
Por la mañana no salí y estuve leyendo un rato. Y fui a ver a los hamsters a ver si les faltaba algo, pero ellos estaban durmiendo. Uno de ellos estaba comiendo y lo vi.
Por la tarde estuvimos en el patio merendando y oyendo música. Cuando terminamos, nos metimos para dentro ya ver la televisión y casi poner la mesa para cenar.
Luego, cuando terminamos, nos pusimos el pijama. Más tarde, nos mandaron a la cama.

Yo, cuando entro en un bar, procuro que el personal atienda en condiciones, y si me siento en la terraza, estoy deseando terminar para irme.
También tengo prisa por volver a casa y poder ayudar a mamá.

Cuando yo voy en el autobús, voy bastante seguro. Pero a veces no tengo la seguridad de que no pegue algún frenazo y nos vayamos al suelo por culpa de alguno que pasa, o de algún ciclista que se pasó por en medio, y es que no saben algunos ni ir derechos.

Cuando se va la luz, o bien se coge una linterna o bien una vela. Cuando yo vivía en Madrid, algunas veces se iba la luz y mamá llamaba a la compañía. Y algunas veces venían a arreglarla.
En la residencia no se va la luz, pues allí todo es nuevo. Y como siempre hay monitores, pues no hay miedo.

Samaritano

Alberto
Alberto, un hombre de 62 años, se metió en un taller. En ese taller también entró Andrés, un amigo suyo de toda la vida. Y los dos conocieron a muchas chicas. También hacían piezas de plástico, pero no ganan ni para el metro.
Más tarde hicieron una residencia y Alberto se metió allí, y conoció a los monitores. Y también tenían un pequeño zoo, con una oca y algunas palomas.
Luego fue a Guardamar con Antonio Mira, el monitor. Y tenía mucha gracia, pues se echaba la siesta todas las tardes y cuando se levantaba se iban de paseo y a tomar algo.

Si alguien se desmaya, primero daría la alarma y detendría el tren. Luego, cuando vinieran los del Metro, explicaría lo que hubiera pasado y los del metro ya lo arreglarían. También lo acompañaría a la salida a que le diera un poco el aire y, si yo no tengo prisa, me quedaría un rato con él.

Si alguien asustado va por la calle y me pide ayuda, yo buscaría a un guardia, pero primero le preguntaría que qué le pasaba. O bien le invitaría a tomar café y que me lo contara. Luego iría a una comisaría por si él quisiera poner alguna denuncia.