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Rosa nos lo explica

Rosa II
He decidido mudarme de casa, pero a ver como os lo cuento. Tengo de aquí, de este CAMF en Leganés, muchos recuerdos buenos y, aunque me llevo bien con todo el mundo, pues todos me habéis tratado muy bien, siento que estoy en un momento de mi vida en que tengo que cambiar. Desde que me falta Ángel, todos los rincones conocidos están cargados de sombras que me entristecen. Me encierro en mi habitación y me pongo a llorar. O me conecto a internet para desconectar de todo. Y así paso las horas. Los recuerdos me pueden y pierdo la sonrisa. Yo no sé vivir sin sonreír. No me voy de aquí porque me haya cansado de vosotros, de Leganés o de ParqueSur. Me voy por otra cosa. No me explico bien, pero yo sé por qué me voy. Quiero cambiar de vida y de escenario, aunque los recuerdos los lleve conmigo, que los llevaré siempre porque mis buenos recuerdos no me los puede quitar nadie, es mi memoria y es lo que me he sabido ganar. Si algo quiero olvidar, son los malos momentos. No huyo, pero me voy. Sé que ahora mismo ha llegado el día de cambiar, y cuando se me mete algo en la cabeza no puedo hacer otra cosa.
El día 21 de febrero de 1991 llegaba con Ángel aquí, a esta residencia, desde Pozoblanco, mi otra casa. En Pozoblanco también dejé muchos amigos y buenos recuerdos, pero Ángel era de La Sagra y quería acercarse un poco a su familia. Yo quería a Ángel y, aunque me encontraba muy bien allí, decidí venirme con él en cuanto se abrió este centro. Aquí me habéis tratado de maravilla todos, tanto los trabajadores a nuestro servicio como los compañeros. Me costó muchísimo adaptarme, pues en este centro el trato con todos era al principio algo más frío. Al cabo, todos sois mi familia, mi única familia, y con vosotros he compartido mi vida, casi siempre con placer y algunas veces a regañadientes, pues la convivencia no siempre es fácil. Me voy y os dejo, pero no me quiero ir con tristeza. Por eso quiero que sepáis que os agradezco a todos los buenos momentos, el grupo del teatro, el grupo de escritura, el grupo de literatura, el grupo de terapia, el grupo de relajación, todos los que participabais en los carnavales, en los aniversarios, a todos os doy las gracias por los buenos ratos pasados. Os llevaré siempre en mi corazón y en mi memoria y espero que alguna vez volvamos a vernos. No quiero olvidarme de Jena, que me ha ayudado tanto con mi tristeza, como Ángela o muchos cuidadores. Y Mari Paz, y Pilar, sois tantos los nombres que me bailan en la cabeza, no me olvido de nadie de vosotros, os quiero a todos. Me voy con un gran recuerdo sobre todos, el vuestro, y que sepáis que nunca os olvidaré, nunca. Rosa

La vida misma

Rosa II
He soñado que se me aparecía mi marido y que me hablaba, animándome para que siga adelante.
Por eso tengo deseos de seguir para arriba por la vida y vuelvo a hacer lo que había dejado a un lado.
No es que se me aparezca mi marido. Tengo amigos, y la gente de aquí, del centro, que me están ayudando a seguir adelante, a vivir, a pesar de los reveses.
También surgen experiencias nuevas que me ayudan a tener más ganas y más ilusión.
Mi vida cambió tanto hace ya más de 10 años, me cambió por completo. Desde que estoy en estos centros del IMSERSO soy una persona y puedo integrarme con la gente de la calle, gente que no es como yo, gente buena, mala y regular.
Me voy con mi silla, con compañía o sin compañía. Me voy al cine, a tomar algodón a la feria. Me siento como una ciudadana más del barrio, soy una más.
Ya no soy el bicho que era antes, que así me sentía, porque no puede ser que por ser una minusválida tengas que estar escondida en un rincón, encerrada.
Fue una gran amiga mía quien me abrió los ojos y las puertas del mundo. Fue como, o más, que mi madre. Me enseño a luchar, a valerme e integrarme en la vida.
Y así hice, me quité el caparazón de la minusvalía y soy una persona normal que hacer todo lo que puede por sí misma. Y que me casé y que perdí a mi marido y que sigo adelante.
Y esta es mi vida. Si me lo dicen hace diez años ni yo misma me lo hubiera creído.

Seguir viviendo

Rosa II
Me siento muy orgullosa en esta vida que vivo, a pesar de haber tenido muchos palos, que los he tenido, como los demás aquí presentes. Yo estoy muy orgullosa, a pesar de que me tienen que asistir en todo día a día, pues soy dependiente. Se lo agradezco a los cuidadores que me asisten. Me siento muy orgullosa también de estos centros del IMSERSO. Me siento una privilegiada, pues no es tan fácil conseguir una plaza aquí, para gente como yo, que no podemos estar ni en la calle ni en sus casas, los que la tengan, que yo no la tenía. Y me siento muy orgullosa de mis compañeros, de mis amigos, y de la gente que trabaja aquí, buenos y malos. Se aprende un poco de todos, sustituyen a la familia y nos ayudan a llevar el día a día. A pesar que a veces nos quejamos, y es normal, pues en las mejores familias también hay ovejas negras y garbanzos negros y cabrones rubios. Yo estoy muy orgullosa de los sicólogos, pues si no fuera por ellos estaría hecha polvo. Ellos me dan cada poco un empujón para delante. Y estoy muy orgullosa de todo lo bueno que me da la vida, que si dios quiere que siga viviendo será porque no encuentra nada mejor para mí. Y estoy muy orgullosa de poder decir todo esto, que no sé quién leerá, todo lo que siento y me sale del corazón.