Laura
Foto: malglam |
La mañana está fresquita y ella se abriga bien. La calle está mojada pero no llueve. El mercado está más lejos de la casa de lo que ella desearía, por eso prefiere cruzar por un descampado para acortar el camino. En el descampado oye el llanto de un niño pequeño y no puede menos que recordar a su hijita cuando tiene hambre. Guiada por el oído descubre a un bebé junto a un banco roto, está delgadito y con apariencia de frío. Inmediatamente lo coge, le coloca la escasa ropita hasta que lo envuelve y lo achucha en sus brazos para darle calor. Sospecha que llora por hambre y no duda en darle el pecho para que mame. El bebé se agarra a la teta con fuerza mientras a María se le llenan los ojos de lágrimas. Y no duda en ponerle el otro pecho, que el niño chupetea con una fuerza tremenda, señal clara del hambre que tiene. María se siente desbordada de ternura y de una alegría que no había experimentado jamás, ni siquiera con su propia hija.
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