Isabel

Mi madre era una mujer muy alegre, pero desde que cayó enferma con el Alzheimer yo es que la veo muy triste y pensativa.
Ella era una mujer fuerte y luchadora que siempre cuidó de mí y de mi hermano. Y siempre ha ido muy limpia. Cuando era joven y no estaba enferma, le gustaba maquillarse y pintarse las uñas, se las pintaba muy bien. Decía un tío mío que ya ha muerto que se parecía a Ava Gardner. Pero es que yo tengo una foto en blanco y negro de cuando mi madre era joven y son clavadas, se parecen verdaderamente.
Ahora que está en una residencia de personas que también padecen esta enfermedad del Alzheimer, ella suele ayudar a todos en todo lo que puede. La habitación donde está la comparte con otra señora y no es muy grande. Aunque bien es cierto que es un poco pequeña, a mí me gusta mucho. Y mi madre me dice: “¡Uy, hija, cómo te puede gustar esto!”. A lo que yo la respondo: “Pues mamá, a mí me gusta”.
Mi madre, aunque está enferma, aún reconoce a todo el mundo, incluso a la familia. El otro día mi hermano el policía, el mayor, la trajo a vernos a mi hermano Antonio y a mí. Y estuvo tres días con nosotros y todavía se acordó de mi padre y le trajo cinco gallinas en el maletero.
Yo me parezco mucho a mi madre y eso me enorgullece. Quisiera que nunca le pasara nada malo y que nunca me faltara. Ella sabe cuánto la echo de menos. La vida nos ha dado golpes muy duros, esta es la verdad, pero yo me siento muy unida a ella.
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