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Mi novio

Reyes

Tengo miedo del mar, pero el mar me queda muy lejos ahora. A lo que de verdad tengo miedo es a la soledad. Cuando estoy acompañada me siento más tranquila. Cuando estoy sola me entran ganas de correr, que, ya ves, no puedo, pero me marcharía huyendo en busca de los brazos de mi novio, Avelino. Avelino y yo siempre somos novios, a su lado me siento bien, me siento tranquila, se me borran todos los miedos.
Avelino no puede estar siempre conmigo, hace aerogeneradores para los molinos de los parque eólicos. Yo también trabajaba en Renishaw, en Madrid, era secretaria y no hacía más que escribir. Manejaba el ordenador con suma facilidad, me fascinaba por lo rápido y sencillo, pero ahora no puedo. Los jefes me trataban bien, uno de ellos era mi padre. Tenía pocos amigos, pero a Avelino lo conocí allí, en el trabajo, y desde entonces somos novios. No hemos tenido hijos y hace tres años o más, no lo recuerdo bien, que dejé de trabajar y llevo un años con habitación aquí, en el CAMF.
Cuando Avelino me deja en el CAMF para ir a trabajar no tengo miedo, me quedo bien acompañada. De las compañeras, me cae bien, especialmente bien, MaryMar, la dulce. Y el cascarrabias de José Luis. Y Estrella, que es muy guapa.
Si pudiera, huiría de la muerte, me gusta este mundo. Mi silla de ruedas me saca de la soledad de mi habitación, la estoy muy agradecida. No me hace llorar la silla de ruedas, sino...

Vengativa

Reyes y Adredista 1
Hace un año que vivo en la calle Rioja de Zarzaquemada. Vivo con Abelino, Pablo, Chusa, Ana, Chema y Lola. Frente a mi casa está la casa de Isabel, que tiene 22 años y un Husky Siberiano al que pasea varias veces al día por mi puerta.
Lleva un mes viviendo en el barrio y ya nos hemos dado de tortas. Me llamó idiota porque pasé cerca de su perro con la silla de ruedas y, como no se quitaba del sitio, casi lo atropellé. Se enfadó, yo la llamé imbécil y la liamos gorda.
Desde entonces nos odiamos las dos y pasamos el tiempo pensando cómo hacernos daño la una a la otra. Yo procuro salir a la calle cuando ella pasea a su perro, ya sé que llama Leal, y procuro acercarle lo más posible mi silla. Es un perro bastante grande y siempre se me escapa cuando voy a por él. Entonces es cuando Isabel me llama puta y yo me escapo lo más pronto que puedo riendo y sacándole la lengua.
No quiero pelearme más con ella, aunque sigo pensando en qué otro momento podré atropellarle el perro con mi silla para que sufra un poco. Y si no lo consigo, por lo menos que se lleve un buen susto.
Intento atropellar a su perro porque no tengo fuerzas para atropellarla a ella.