No tengas miedo, Alfonso

Adredista 1
Yo he venido aquí a hablar del libro Jaula de oro. Como el libro es autobiográfico, hablaré más del autor, Alfonso Gálvez. He leído tu libro dos veces. El la primera confieso que no leía el libro, te escuchaba y te veía a ti, con tu fuerza visceral, con tu palabra entrañable (ya sabes, la que sale de las entrañas, de tus entretelas). Veía un autorretrato y el retrato de tu familia, y el de las instituciones por las que has pasado y el de la sociedad que nos ha tocado vivir. Todo ello fotografiado a través un objetivo cada vez más enrojecido, porque es más existencial, más de carne, y no por ello menos transparente. Disfruté y sufrí con tu libro. Jaula de oro es el álbum de una vida en blanco y negro; cada día de escritura, una foto. Al colocarlas, a primera vista, algunas parecen trastocadas, pero también en eso se percibe la rebelión del autor contra el orden establecido. La segunda vez, traté de descubrir la estructura en la que el artista de la palabra y de la idea se retrata en la belleza de la metáfora. Disfruté con tus ocurrentes reflexiones ante cosas y personas, sobre todo cuando te sales del guión de contar tu vida y filosofas. Así nos enseñas que sólo desde la cátedra que es tu silla de ruedas se pueden comprender algunas miradas. Por segunda vez disfruté y sufrí con tu libro. Quiero poner un ejemplo de mi forma de sufrirte y disfrutarte, sólo por si es útil para aquellos que aún no te han leído: 3 de mayo de 2006, hacía treinta años que no habías vuelto a Orihuela y le dictas a Andrés tus recuerdos... leo el final del fotograma: "Yo iba mucho con mis hermanos al río, a un soto cerca del algarrobo grande. Nos desnudábamos y nos metíamos en el agua los tres. José Antonio, Tomás y yo. Pero pasan los años, se desdibujan los cuadros y a los hermanos que más recuerdo de aquellas correrías son Tomás, yo y el pequeño Toni. Yo siempre era el único que no sabía nadar. Envidiaba la habilidad de mis hermanos para mantenerse a flote cuando se metían donde cubría. Yo me quedaba en la orilla contemplándoles. Esta sensación de contemplar la vida desde la orilla se me repite en muchos recuerdos. En las horas tardías del día se veía a veces el tronco de algún árbol flotando en el agua, corriente abajo. Su paso era inquietante y misterioso". Cuanta vida cabe en un endecasílabo: Su paso era inquietante y misterioso.
No tengas miedo Alfonso. No eres un tronco a la deriva. Los consumidores, los que mandan sin saber mandar, los que suben peldaños de carne para trepar, los que gritan desde los púlpitos, las cátedras y los medios de comunicación social jamás apreciarán la fuerza y la belleza de un endecasílabo que salta desde una silla de ruedas, aunque no sea una silla eléctrica. Amigo Alfonso, por si acaso te sirve de consuelo, el "homo encabronatus" tiene 700.000 años y no ha nacido en Orihuela sino en Atapuerca, Burgos, perdón en Ataxia-puerca. Desde aquel Anteccesor hasta el hombre enjaulado en Leganés, han existido y existirán millones de personas que se rebelen contra su caparazón. Nunca estarás solo en tu lucha titánica por ser independiente. Lo terrible es ser conformista con la jaula política, social, religiosa o económica en la que cada cual ha caído. A mí también me ha llegado tu grito y me ha herido tu libro y por eso, precisamente por eso, hoy he venido aquí, para darte las gracias.

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