Espacios


Laura y adredista 1
Todo parece fácil para una persona que camina por sí sola, pero Mercedes se mueve en silla de ruedas. Es una silla manual. Al principio le costaba manejarla, no había pensado nunca lo duro de esta situación hasta que se encontró con la enfermedad que la sentó en su silla de ruedas.
Un tiempo después, y gracias a los inventos electrónicos y a su dinero, se le cumplió el sueño más insistente: tener una silla eléctrica. Desde la silla nueva soñaba mucho más. Si llegaba a un bordillo, soñaba una silla con posibilidad de saltarlo. Si pasaba por un empedrado, soñaba un dispositivo que amortiguara el golpeteo de los adoquines en el culete. Al pasar por un charco, Mercedes soñaba con un detector de profundidades en su silla, porque siempre escogía un lateral del mismo para evitar la zona más profunda y pocas veces acertaba.
A fuerza de soñar y soñar, se inventó un lugar donde no había ningún estorbo para ella y su silla. En su imaginación construyó un edificio transparente, las escaleras se cambiaron en rampas tan suaves que subes y bajas por ellas sin darte cuenta. Desde su mitad norte se veía una montaña nevada gran parte del año, y Mercedes se soñaba bien abrigada y montada en un trineo deslizándose suavemente por las laderas. En la zona sur había un parque y por sus praderas serpenteaban varias veredas, una de ellas terminaba en la cascada principal. Aunque de cerca moja, impresiona por el ruido y no te cansas de contemplar su belleza.
Y dentro del edificio, también todos los residentes son agradables, ella sólo ve caras alegres. Y las sillas no chocan unas con otras porque llevan dispositivos especiales que pitan antes del accidente. Como la sonrisa es contagiosa, los cuidadores, las camareras, el personal de limpieza, los voluntarios y hasta los visitantes salen contagiados de la alegría que se vive en este lugar de ensueño.
(¡¡¡Ayayayayayay!!! que nos ha salido esto totalmente muy de cuento..., comenta la autora, para cierre)

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